Forma parte del sistema de soporte del diente a los maxilares. Si la encía está sana, los dientes están firmemente sujetos, lo que garantiza que cumplan correctamente su misión masticatoria y aíslen al organismo de las agresiones que llegan del medio externo a través de la boca.
La encía es un constituyente del periodonto junto al hueso alveolar y el ligamento periodontal. El ligamento periodontal y el hueso alveolar insertan el diente al organismo y la encía es la barrera que protege al mismo de las agresiones físicas, químicas y bacterianas que vienen del exterior.
La encía sana se adapta a los dientes en forma festoneada. Su color es rosa claro y no sangra.
La causa más frecuente que da lugar a que la encía enferme son las bacterias. En la boca existen más de 300 tipos diferentes de bacterias y muchas de ellas son potencialmente lesivas para el periodonto. Las bacterias que habitan en la boca se depositan sobre la superficie de los dientes y en el surco gingival, constituyendo la placa bacteriana.
Cuando las bacterias crecen sobrepasando un cierto nivel, son capaces de producir lesiones en los tejidos periodontales. La gravedad de las lesiones producidas por las bacterias en el periodonto depende de la susceptibilidad individual que es una característica genéticamente determinada.
El elemento fundamental para padecer enfermedad periodontal es la predisposición individual y esta viene condicionada genéticamente. Es un error pensar que sólo la predisposición genética es suficiente para padecer periodontitis, se necesita la presencia de bacterias.
Con frecuencia las personas que padecen periodontitis, sobre todo las de formas más severas, encuentran afectados entre sus padres o hermanos, lo que habla del carácter familiar-hereditario. El hecho de ser tan frecuentes, muchas veces quita peso a este elemento, para ser consideradas como coincidencia familiar debida a la alta incidencia.
Por lo tanto, y considerando que hoy en día poco podemos hacer por modificar la predisposición genética, la forma de prevenir y tratar la periodontitis es el control de la placa bacteriana.
A diferencia de a caries dental, el tipo de alimentación no parece jugar un papel importante en la salud de la encía, aunque probablemente consumir alimentos que faciliten la auto higiene bucal como las frutas y verduras tengan un efecto beneficioso.
En personas que tienen un gran cuidado con su boca, las malposiciones no conllevan un mayor riesgo de padecer periodontitis, pero en personas menos atentas a su boca, los dientes mal colocados pueden favorecer la aparición de problemas de la encía, tanto gingivitis como periodontitis, porque la higiene se dificulta en estos casos y las bacterias crecen mejor.
Suele ser recomendable que pacientes tratados periodontalmente, una vez curados se sometan a un tratamiento para colocar correctamente sus dientes, ya que mejorará con ello su pronóstico a largo plazo además del beneficio estético consecuente.
Aunque el tabaco no es capaz de producir enfermedad de la encía directamente, si que agrava la evolución de la misma y reduce la eficacia del tratamiento.
Los mecanismos por los que el tabaco agrava la evolución de las periodontitis son una reducción del aporte sanguíneo a los tejidos de la encía con la disminución de la capacidad defensiva de los mismos frente a las bacterias. Este efecto es independiente de tragar o no el humo y guarda relación con el número de cigarros consumidos, siendo el efecto máximo por encima de un paquete al día y bastante menos importante por debajo de 10. En pacientes que dejas de fumar, tras unos meses, la encía adquiere unas características que la hacen similar a la de una persona que nunca fumó, por lo que la eliminación del hábito de fumar es una garantía de salud para la encía y de eficacia del tratamiento en caso de padecer periodontitis.
Tres tipos de medicamentos tienen un efecto sobre la encía, que se caracteriza por aumento de volumen e inflamación:
Las más frecuentes son sin duda las conocidas como enfermedades periodontales. Las formas leves se llaman gingivitis y afectan sólo a la encía, las graves son las periodontitis en las que se produce una destrucción de los tejidos profundos como el ligamento periodontal y el hueso alveolar.
Existen muchas enfermedades que pueden afectar al periodonto como ciertas afecciones dermatológicas que se manifiestan por ampollas, úlceras y cambios de color. Algunas de ellas pueden ser el reflejo de afecciones graves como el cáncer.
Se encuentran entre las más frecuentes de la raza humana. Los estudios de investigación han demostrado que la gingivitis afecta casi a la totalidad de la población tanto infantil como adulta. Aunque las periodontitis apenas afectan a los niños, uno de cada dos adultos a partir de los 35 años se encuentra afligido por las mismas.
Raramente aparecen en los niños, aunque en caso de hacerlo son formas muy severas que amenazan de forma muy seria a la dentición, e incluso a veces, a la salud del niño.
Las formas más frecuentes aparecen en adultos, empezando sus primeras manifestaciones a edades jóvenes en torno a los 30 años. Cuanto más joven sea la persona en el momento de aparecer, más severa será probablemente la periodontitis y más cuidados necesitará.
No. Con frecuencia se cree que sí, pero no ha sido demostrado. Lo que sucede es que ciertas etapas de la vida de la mujer, relacionadas con cambios hormonales, como los embarazos y la menopausia, producen alteraciones pasajeras en la encía que necesitan un cuidado especial.
En ausencia de tratamiento conducen a la pérdida de los dientes en un periodo variable de tiempo. El edentulismo es un problema sanitario de primer orden ya que produce grandes secuelas funcionales, estéticas y psicológicas en las personas que lo padecen.
En España el porcentaje de desdentados parciales es del 52% a los 40 años de edad y el de desdentados totales es del 41% a los 60 años de edad. El coste económico de la reposición de los dientes perdidos representa un coste difícil de asumir por la sanidad estatal y por muchas economías particulares, lo que origina un problema importante de accesibilidad a un derecho tan fundamental como el de la salud.
Recientemente se han demostrado una serie de importantes consecuencias para la salud general.
Los síntomas son el sangrado espontáneo o con el cepillado, la aparición de pus en la encía, mal sabor o mal olor de boca, enrojecimiento, retracción, cambio de posición de los dientes, sensibilidad térmica, dolor e incluso movilidad.
El diagnóstico de certeza sólo lo puede realizar el dentista por lo que en caso de presentar algunas de estas circunstancias deberá consultar con él para que valore la situación y le aconseje como actuar.
El signo que más precozmente nos avisa de la existencia de problemas es el sangrado espontáneo o al cepillado. Una encía que sangra puede presentar una gingivitis (problema leve) o periodontitis (problema grave), la diferencia entre ambas situaciones requiere una valoración por parte del dentista.
En ocasiones aparece una tendencia aumentada al sangrado de encía como en ciertos momentos de la vida de la mujer.
No es normal que una encía sana sangre.
Normalmente los dientes no se mueven. Sólo en circunstancias especiales puede aparecer una cierta movilidad considerada normal y que desaparece posteriormente, como en los tratamientos de ortodoncia. La enfermedad periodontal no es la única causa de movilidad dental, pero sí la más frecuente. En este caso es un signo muy tardío y cuando aparece refleja una situación terminal con tratamientos más complejos y resultados terapéuticos peores.
La movilidad refleja que en torno al diente se ha perdido soporte o anclaje al hueso maxilar y es tanto mayor cuanto más avanzada está la enfermedad.
Otras circunstancias en que la movilidad se incrementa se asocian a las fuerzas ejercidas sobre los dientes con una intensidad y dirección inadecuadas, pero en estos casos se necesita un tratamiento diferente.
La movilidad dental es un signo muy tardío en la periodontitis.
La movilidad suele persistir a pesar del tratamiento periodontal porque el nivel de hueso no se recupera tras el tratamiento en la mayoría de las ocasiones, lo que se logra es un mantenimiento indefinido del soporte óseo. Los dientes que presentan movilidad en el momento del diagnóstico suelen perderse a medio o largo plazo a pesar del tratamiento y esta es una razón que justifica la necesidad de realizar un diagnóstico y tratamiento precoz de la periodontitis.
Ciertas bacterias productoras de la periodontitis producen la metabolización de proteínas, con producción de compuestos volátiles que se eliminan por el aliento. Esos gases suelen contener cantidades de azufre que les da la característica del mal olor. También un resultado del proceso inflamatorio que se produce en el periodonto enfermo es el pus que se acumula en la bolsa periodontal que produce sensación de mal sabor de boca al paciente y mal aliento que perciben los demás.
En la mayor parte de las ocasiones el paciente nota una desaparición total o parcial de este síntoma tras el tratamiento. En caso de persistencia del mismo se deberá consultar al especialista en aparato digestivo o respiratorio sobre el tema.
Consultar a su dentista. Él le valorará clínicamente si existe periodontitis o sólo gingivitis y en ambas situaciones le aconsejará sobre el tratamiento más adecuado de su caso.
La mejor forma de prevenir la periodontitis es mantener una correcta higiene oral, pero en personas predispuestas, a pesar de la correcta higiene oral tiende a producirse la enfermedad.
Por lo tanto, la higiene oral es un importante pilar de prevención de las periodontitis pero no el único, y se debe acompañar de revisiones periódicas al dentista o periodoncista para que las diagnostique precozmente en caso de presentarse.
Un buen cepillo dental debe ser pequeño para llegar a todas las zonas de la boca y tener cerdas de nylon de dureza intermedia para no dañar la encía. Si mantiene su cepillo dental durante demasiado tiempo en uso, se deterioran las cerdas y disminuye su eficacia de limpieza. Para decidir cual es el mejor cepillo para su boca, pida consejo a su dentista o periodoncista y no olvide que también su farmacéutico le aconsejará como experto.
No. El cepillo no alcanza los espacios interdentarios y para mantener estas zonas libres de bacterias se necesita usar la seda o hilo dental. Aunque aprender a utilizar correctamente la seda dental es algo complejo al principio, con un poco de paciencia se consigue alcanzar una destreza suficiente y aplicarla correctamente en toda la boca, en tan sólo unos minutos. Si después de aplicar la seda la huele, comprobará que desprende mal olor lo que es reflejo de las bacterias y la alteración que producen en su encía. Este olor será peor cuanto más tiempo haya pasado sin aplicarla en la zona.
Aunque para prevenir la caries dental es necesario limpiar los dientes y encía antes o después de cada comida, en pacientes adultos en que la caries dental tiende a disminuir, puede ser suficiente dos veces al día, por la mañana y por la noche. No olvide que aunque consiga una buena higiene oral y crea que su encía está sana, es necesario realizar revisiones periódicas con su dentista o periodoncista para que verifique la situación de salud y tome medidas en caso de que ésta se quiebre.
A diferencia de la caries dental en que la ingesta de azúcares es un factor predisponente importante, en las enfermedades de la encía el tipo de alimentación no actúa como favorecedor de las mismas. Existen razones para pensar que una dieta rica en frutas favorece la higiene natural de los dientes y encía, contribuyendo a una eliminación de las bacterias y de forma indirecta, colaborando en la salud de la encía.
En pacientes sometidos a un programa de cuidado periodontal que incluye una correcta higiene oral y visitas programadas al dentista o periodoncista, se reduce de forma significativa la aparición de nuevas caries dentales. Esto se debe a que el control de la placa bacteriana es también eficaz para prevenir las caries, y en caso de que aparezca, se detecta cuando el tamaño es pequeño y el tratamiento sencillo.
El cuidado de su encía es también una garantía de prevención de la caries.